29 may. 2013

La mesa nº 4

Me voy acercando a ella despacio, sin ruido, buscando con la mirada quién está hoy sentado/a, tras ella. Porque dependiendo de quién esté, el momento siguiente puede concretarse en una imposibilidad exenta totalmente de esperanza o convertirse en un inefable sentimiento de agradecimiento a la humanidad.
En los 45 minutos de espera, he repasado los últimos años de mi vida y la vida de otros/as que como yo, esperaban la espada de Damocles. He tenido suerte, los hados me han concedido una nueva oportunidad:  No estaba Él, quien ayer, por sus extrañas maneras, me indujo a pensar que no era capaz de pensar más allá de la máquina a la que no dejaba de consultar. Hoy, en su lugar, estaba Ella, cansada pero amable. Me he fijado en sus pendientes, que parecían de diseño Tuareg. A pesar de que consultaba su máquina, su pensamiento incluía la capacidad de entender la desesperación de la persona que esperaba el veredicto-oséase, yo- (creo que a esto se le llama capacidad de empatía). Y ha sido a mi favor. Yo quería darle un abrazó(¡qué dices, eso no se puede hacer con los que están detrás de la mesa). Sólo he podido decir, con un nudito en la garganta: "Gracias- Ha sido muy amable"
Hoy, a diferencia de ayer (sí, ayer también tuve que pasar la prueba)"la mesa nº 4, tenía cierta luz, podría decirse que era la luz que desprenden los humanos cuando son humanos.

(Por si alguien no se ha dado cuenta, estoy hablando de mi paso por las oficinas de Hacienda de Tarragona) ;-)

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